martes 12 de abril de 2011

LAS ELECCIONES DESDE LAS ESTRUCTURAS SOCIALES: KEIKO Y HUMALA EN SEGUNDA VUELTA

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Por: Carlos Eduardo Pérez Crespo

La idea de que la democracia necesita bases sociales es clásica. Alexis de Tocqueville ya mencionaba que la democracia en América se fundamentaba en un tipo de cultura política pero también en condiciones económicas y sociales: el amor a la libertad y la igualdad. Seymour Martin Lipset, en esa misma línea de razonamiento, escribió hace más de 40 años en el “Hombre Político” que la democracia liberal, es decir, el régimen de las instituciones, la competencia, las elecciones y los partidos políticos, supone fundamentalmente el desarrollo económico y la clase media. Por esto Lipset entendía que la democracia es posible siempre y cuando exista un plausible desarrollo en la educación, una expansión del urbanismo, una industrialización moderada, un acceso eficaz a bienes básicos, entre otras cosas más. Barrington Moore resumió el argumento al afirmar que “sin burguesía no hay democracia”.

Las elecciones peruanas parecen obligarnos a pensar nuevamente la política desde las estructuras sociales, es decir, desde cómo las condiciones de clase social y nivel de desarrollo económico se traducen en tendencias electorales. En principio porque los resultados se muestran muy parecidos a la de las elecciones de primera vuelta del 2006: Ollanta Humala arrasando en el sur del Perú y PPK (el símil de Lourdes Flores) triunfando en Lima y Callao. Sin embargo, en esta ocasión hay un componente adicional. El voto fujimorista se ha mantenido de manera sostenida en el norte del país, imponiéndose sobre Humala. Toledo, por su parte, sólo logró triunfar en Loreto. ¿Qué nos dicen estos resultados?


Primero que las candidaturas liberales han fracasado en el Perú, pero han tenido éxito en las provincias con un nivel de “modernización alta” (O’Donnell). Toledo se mostró como un candidato defensor de un modelo liberal político: el Estado de Derecho, los DDHH y el libre mercado pero con carácter social. PPK, por su parte, también suscribe los valores políticos de la democracia liberal, pero su punta de lanza fue más el libre mercado y el fortalecimiento de las inversiones extranjeras en el Perú. Ambos liberalismos, uno más político-social y el otro económico-institucional, no pudieron expandir sus límites más allá de Lima (PPK, 27%), Arequipa (PPK, 30%) y Loreto (Toledo, 33%). La razón de ello, por lo menos para el caso de Lima y Arequipa, se encuentra en que hay una correspondencia entre el nivel de desarrollo de las clases medias en estos departamentos y la tendencia a votar por candidatos liberales. Por el contrario, en departamentos con niveles de “modernización media” Keiko Fujimori ha logrado tener más del 30% de la votación, como es el caso del norte del Perú, desplazando así el “sólido Norte” aprista. Sin embargo, en los departamentos con “modernización baja”, como Huancavelica, Cusco y Ayacucho, Ollanta Humala obtiene más del 50% de la votación. En este sentido, podemos encontrar una correlación muy fuerte entre el nivel de modernización media y baja con propuestas no liberales, es decir, con las candidaturas de Humala y Fujimori.


¿Qué nos espera en esta segunda vuelta? En primer lugar, frente al panorama de los niveles de modernización y sus correspondientes clases sociales, Humala y Keiko lucharán para obtener el voto de la clase media, situada fundamentalmente en Lima, que además agrupa a un tercio del electorado. No obstante, hay un gran obstáculo que ambos deben afrontar. La clase media suele alinearse con propuestas moderadas y que defiendan las libertades. Keiko tendrá que sacarse de encima el legado de su padre, quien tiene un currículum comprobado de corrupción y violación a los DDHH. Sin embargo, un gran sector de la clase media limeña o arequipeña no estará dispuesto a cambiar la libertad política por un candidato cercano a propuestas autoritarias de izquierda parecidas a las de Hugo Chávez. En ese sentido, es cierto, tal como ha señalado Steve Levitsky, que “de Ollanta se pueden tener dudas pero de Keiko tenemos pruebas”. Sin embargo, esta frase puede bastar para endosar los votos de Toledo, en donde el tema de la corrupción y la década de los 90’s les despierta rechazo, pero aún así encontrará dificultades para los votantes de PPK y Castañeda, quienes se caracterizan más por un “voto pragmático” que intenta preservar el modelo económico a expensas de premisas morales. Siendo así, incluso la clase media estaría dividida en dos bandos políticamente distintos.

En segundo lugar, en el resto del país se jugará otro tipo de lucha. Keiko le quitará a Humala el “voto autoritario”, es decir, aquél electorado que votó por Humala porque está muy insatisfecho con el gobierno de García y el régimen político democrático en general. En ese sentido, Keiko tendría un importante potencial porque podría recordar el pasado asistencialista de su padre y la derrota del terrorismo; mientras que Humala podría contener la oleada “clientelista” prometiendo reformas estructurales con respecto a la minería, el medio ambiente, etc.

Finalmente, algunos analistas en medios empiezan a afirmar que la mejor estrategia de ambos candidatos es colocarse al centro y lograr la mayor cantidad de votantes de todos los candidatos. La estrategia suena razonable en términos electorales, pero no tan fácil si es que nos atenemos al análisis estructural de las clases sociales. Es decir, la moderación de Humala y presentarse como el nuevo “Lula” o “Toledo” puede costarle caro, en el sentido de que los que esperaban un cambio radical en él percibirán que ha hecho alianza con el status quo y, por tanto, con el APRA o Perú Posible. Por su parte, Keiko Fujimori ha sido abiertamente autoritaria y pro-mercado en toda la campaña. Por lo tanto, su electorado ya sabe a qué se atiene votando por ella.

En conclusión, en la clase media de nivel de “modernización alta” la lucha se librará en el polo “honestidad vs corrupción” (ya que desaparece el rótulo “democracia vs autoritarismo”). Sin embargo, en los departamentos de “modernización media” y modernización baja” la polarización será entre “cambio radical vs cambio paulatino” o incluso entre “cambio estructural vs retorno al asistencialismo”. La batalla se librará en distintas esferas, de acuerdo a las clases sociales y a las regiones del país. Ganará quien logre hacer una mejor alianza de clases.

One Response so far.

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