Por: Carlos Eduardo Pérez Crespo
El profesor Sinesio López escribió hace unos días un artículo sobre el problema de fondo que se viviría en la disputa legal que libra la PUCP con el Arzobispado de Lima, representado por el cardenal Juan Luis Cipriani, que llamó profundamente mi atención. Primero porque el profesor Sinesio hace un símil entre la querella y lo que Carl Schmitt llama el "estado de excepción":
"Cipriani es un político reaccionario y un decisionista de derecha. Cree que la PUCP vive una situación de excepción (de caos, de confusión, dedesorden y de influencias demoníacas) y que sólo puede ser salvada por unadecisión política que imponga un nuevo orden legal, académico y administrativo"
Sin embargo, la analogía es poco feliz: la PUCP no es un Estado, es una universidad privada. Pero más allá de estas precisiones teóricas me llama la atención lo que la afirmación del profesor Sinesio supone. Carl Schmitt no usaría la distinción del estado de excepción si es que antes no está bien claro que la relación política es la de "amigo-enemigo". Siendo de este modo, es evidente que lo que el profesor López quiere decir es que la comunidad pro-PUCP en esta querella está en el bando de la "amistad", mientras que la posición del cardenal Cipriani es la de "enemigo". Nuevamente, precisando, vale decir que Cipriani ha pasado de ser un "inimicus" (enemigo privado) a "hostis" (enemigo público). La analogía no tendría ningún problema si es que estuviésemos hablando del Estado: el mismo Schmitt no tendría reparos con la interpretación. Pero esta comparación teórica no funciona por una razón muy importante: el cardenal Cipriani es el "gran canciller" de la Pontificia Universidad Católica del Perú. No tiene un status legal de "enemigo" ni de "hostis", por el contrario: legalmente es "amigo" de la PUCP y es parte de la institución, no un intruso.
Asimismo, hay algo que también debe precisarse, pues tiene que ver con los bandos conservadores del país. Tanto el profesor Sinesio López como otros articulistas como Carlos Castro afirman que el Opus Dei es la fuerza más reaccionaria y conservadora del Perú. Lo cual es absolutamente falso. Aquél que piense que el Opus Dei es lo más "hardcore" de la derecha es porque no conoce de la existencia de grupos como el Sodalicium, Avanzada Católica y Tradición y Acción. Este último, por cierto, llega al ridículo de criticar a las autoridades de la PUCP por haber condecorado hace unos años al Dalai Lama en su visita a Lima, tildándolo de un representante de la "chamanería" anticatólica. Todos los que alguna vez hemos tenido la "suerte" de conocer a alguno de los representantes de estos grupos de extrema derecha católica sabemos que el Opus Dei no es más que la versión "caviar" de la derecha peruana: es lo más soft, dentro del conjunto político reaccionario. Decir lo contrario es llevar la discusión a una maliciosa exageración.
Ahora bien, más allá de estas aclaraciones teóricas debemos decir que la postura del cardenal Cipriani no nos causa ninguna simpatía. A pesar de que el cardenal es la autoridad máxima de la Iglesia en el Perú, han habido distintos gestos públicos que lo hacen una persona realmente nada carismática. Tanto así que muchos católicos llegan a cuestionarse si realmente uno puede ser católico y al mismo tiempo tener que comulgar con sus declaraciones. Es evidente que la posición del arzobispado sobre la "propiedad de los bienes" de la PUCP es totalmente condenable: los bienes que la PUCP ha generado en todos estos años deben ser ponderados con justicia, y para eso están nuestros amigos abogados, que ya deberían hacernos el favor de ganar los juicios que peleamos.
No obstante, la postura que ha tomado la PUCP ante esta querella también es digna de crítica. Primero porque una universidad de tanto prestigio debió ver, sea como sea, los mejores medios para que esta disputa legal no se convierta en escándalo. "Dios perdona el pecado, mas no el escándalo", dice un refrán popular. Creo que ninguno de los que amamos a la PUCP se ha sentido cómodo con que la universidad se encuentre en la palestra pública, al estilo de un "talk show" de los noventas. Por otro lado, los argumentos que se han esgrimido tanto por estudiantes como por autoridades ha dejado mucho que desear. Primero por el craso error de nuestro rector Marcial Rubio que, siendo él una autoridad y un maestro en temas constitucionales, afirma que el nombre "PUCP" no nos lo pueden quitar porque está en Indecopi y que el cardenal Cipriani debe "dejar sin efecto" la sentencia del Tribunal Constitucional. Dios santo, una eminencia del derecho pidiendo que no se respete la decisión de la institución legal máxima en el Perú. Paradójico pero a la vez lamentable.
Por otro lado, la postura de los representantes estudiantiles también ha dejado mucho que desear. Sobre todo porque en las entrevistas que han tenido en los medios no han sabido cómo explicar la paradoja de que seamos "pontificia" y "católica" pero que al mismo tiempo la Iglesia y Cipriani "no tiene nada que ver en la universidad". El argumento de que sólo nos dieron un "título honorífico" es realmente simplista y chapucero. Las cosas como son: somos una universidad que, a pesar de haber sido creada por una junta civil, tuvo desde sus orígenes propósitos culturales y pedagógicos católicos. Basta con leer el testamento de Riva-Agüero, o si eso no es suficiente: leamos su "discurso en la Recoleta". Que eso signifique que a algunos representantes les de igual o no que nos llamemos "pontificia" o "católica", es su postura totalmente personal.
¿Qué queda entonces de todo este altercado? En nuestra opinión, tanto la PUCP como el cardenal Cipriani han perdido en esta querella. El primero por la forma como se ha llevado a cabo la disputa: desde la inscripción del juicio por los bienes al Tribunal Constitucional, hasta los argumentos bastante débiles que luego siguieron. El segundo porque no ha sabido llevar la relación con la PUCP de manera amigable y respetuosa, sino de manera déspota y poco sensible por entender lo que que la identidad PUCP significa para miles de personas, entre las cuales me incluyo. Es que es obvio, si uno siente que atacan a su "alma mater" es inevitable desenvainar la espada.
Habiendo dicho todo esto, manifiesto mi público apoyo a la defensa de la PUCP, pero tal y como siempre ha sido: una universidad plural, pero que, efectivamente, debería darle al catolicismo un lugar mucho más preponderante al que ha venido teniendo. Creo que la PUCP es la única universidad del Perú que podría demostrar de facto que sí es posible ser "católico y plural" al mismo tiempo. Para ello, el primer paso debería ser dejar la relación "amigo-enemigo" con el Arzobispado. ¿Por qué no, por ejemplo, dejar que el Padre Gaspar exponga los argumentos del arzobispado en el campus? Sería muy interesante y signo de un acercamiento tolerante. No olvidemos que en nuestro escudo dice "Et lux in tenebris lucet", y que, finalmente, nos guste o no, somos católico-romano-apostólicos. Tolerancia laica a la religión.
No queremos ser la "Universidad del Perú" (UP).
No queremos ser la "Universidad del Perú" (UP).


Totalmente de acuerdo contigo Carlitos!! Esperemos lleguen a un acuerdo las autoridades de la universidad y el arzobispado!