Carlos Eduardo Pérez Crespo
La derecha política es
fundamental en cualquier democracia del mundo. Pero en el caso peruano la
derecha ha sido más que eso: es el actor político más importante de los últimos 20 años. Sin
embargo, tiene una serie de retos que debe resolver. Por eso nos animamos a
plantear una serie de lecciones que ayuden a mejorar nuestra derecha peruana.
La derecha afronta 5 problemas
fundamentales: 1) la ausencia de un partido político, 2) el trauma con la
experiencia velasquista, 3) el legado de la experiencia senderista, 4) la desvalorización
de la intelectualidad humanística y 5) un acercamiento muy torpe con los
sectores populares. Veamos los tres primeros.
La derecha peruana no tiene
partido. Pero eso hace que se sienta menos: la izquierda tampoco tiene. Y es
que en el Perú no existen los partidos políticos -tal y como lo ha demostrado
el profesor Levitsky. Pero a la derecha este punto le afecta mucho más que a la
izquierda por una sencilla razón: no le da legitimidad a sus 3 últimos gobiernos
(Toledo, García y Humala). Con esto queremos decir que la derecha ha sabido
gobernar a pesar de no ganar las elecciones, ya que está aliada con las grandes
empresas extranjeras, la CONFIEP, la Sociedad Nacional de Industrias y tiene
posiciones estratégicas en las dos instituciones que manejan el aparato estatal
y el mercado financiero: el Ministerio de Economía y Finanzas y el Banco
Central de Reserva. Después del proceso de descomposición económica que se
vivió en los ochentas, la derecha peruana ha logrado legitimidad sobre cómo se
deben manejar la política fiscal y monetaria: es decir, la derecha ha
convencido a todo el Perú de que el modelo económico liberal de mercado, con
sus fallas y errores, sí funciona y es gracias a él que se da el crecimiento
económico sostenido de la última década.
Pero el éxito de la
legitimidad económica de la derecha no se ha traducido en su éxito político. En
las últimas elecciones presidenciales la candidatura de PPK no superó la
segunda vuelta y antes de ello Lourdes Flores fracasó en las elecciones presidenciales
y municipales. Del mismo modo, la derecha peruana ya no se ve representada en
las viejas opciones del PPC o Acción Popular. Simplemente estas dos opciones ya
no son tan atractivas. ¿Quién representa a la derecha peruana? ¿Se ha quedado
huérfana? Una opción que se ha erigido como atractiva para la derecha peruana
–pero con mucha desconfianza de por medio- es el fujimorismo. Y de hecho la
derecha ve con buenos ojos que se esté constituyendo como un partido político
que ha abrazado el liberalismo económico y el conservadurismo político
(tradición más cercana a Hayek y Mises que a Sen o Krugman). Siempre va a ser
positivo que una agrupación con historia autoritaria ahora acepte las reglas de
juego democráticas. Pero el escepticismo es grande. Y por el momento la
desconfianza supera a la buena o la mala voluntad. No hay un convencimiento,
más sí una visión pragmática del fujimorismo como “mal menor” ante coyunturas
específicas.
Por otra parte, en la derecha
aún no se supera el trauma del velasquismo. Pero hay que entender este punto.
Lo que más puede molestarle a alguien dentro del espectro de la derecha es que
haya quienes defiendan un modelo proteccionista y nacionalista que destruyó el
aparato productivo peruano y que en el largo plazo produjo más pobreza, atraso y
desigualdad. Está empíricamente comprobado que no sólo la clase media
incipiente se empobreció, sino también los propios campesinos hacia finales de
los setentas. Este sentimiento ha causado en la derecha un trauma: cuando se
siente cualquier propuesta con tufillo “estatista” se encrespa la piel y, con
un impulso casi irracional, se vocifera en autodefensa: ¡velasquista!
Pero se debe reconocer que se
está exagerando. La derecha peruana vive una psicosis con el velasquismo y todo
lo que se le parezca: chavismo, kichnerismo o humalismo (en su versión 2006).
Ello como resultado de que muchas agrupaciones de izquierda reivindican la
bandera pro-estatal para manejar la política fiscal. Siendo más exactos: mover
como una manija el “multiplicador keynesiano” para regular la política fiscal.
No obstante, la derecha peruana debe asimilar que el modelo liberal ha sido
asimilado por las mayorías e incluso por un sector importante de la izquierda
liberal. Los problemas en Conga y las protestas medioambientales en realidad
apuntan hacia problemas de presencia y eficacia del Estado peruano, no son
síntomas de fracaso del modelo económico liberal. La derecha peruana tiene que
asimilar que los tiempos del velasquismo ya pasaron y que la lucha por la
legitimidad del libre mercado está siendo ganada poco a poco. Los dinamiteros
del libre mercado siempre van a estar, pero a ellos se les debe derrotar
políticamente, no con represión.
La experiencia más difícil y
traumática ha sido, definitivamente, el senderismo. La derecha, sencillamente,
no puede transar ni asimilar el baño de sangre que significó Sendero Luminoso.
Y en este punto debemos decir que así debe ser. El bloque que más cohesiona a
la derecha actual es su condena al senderismo y sus nuevas versiones en el
VRAEM o el Movadef. Asimismo, la derecha tiene bien claro que la experiencia
terrorista de los ochentas causó muchas pérdidas y muertes. Pero hay un punto
en el que la derecha no puede transar. Y es el tema de que no se considera
justo que se mida con la misma vara a quienes lucharon para defender el Estado
y quienes iniciaron una guerra para destruirlo. La guerra la empezó Sendero
Luminoso, eso está más claro que el agua y nadie puede discutirlo. Y es por esa
misma razón que se desconfía de las organizaciones de DDHH y de los abanderados
de las ONG’s.
Pero este punto que cohesiona
a la derecha peruana también le trae un punto débil. Debido a que la
experiencia senderista fue tan traumática, no se distinguen matices al momento
de señalar quién es un terrorista. En ese sentido, muchas veces se ponen en el
mismo saco a terroristas con izquierdistas. Por eso no es extraño que cuando se
ven protestas de estudiantes o de gremios como el SUTEP o la CGTP una primera
reacción sea: “¡todos son terroristas!” o “¡malditos comunistas!” Y es que la
experiencia senderista fue tan dura para todos los peruanos, que la derecha
peruana muchas veces pierde de vista que la guerra frontal contra Abimael
Guzmán se terminó en los noventas. Y que ahora se debe terminar con el senderismo en el VRAEM –aliado con el narcotráfico- y el Movadef –la
versión reciclada del senderismo.
Volveremos sobre estos puntos
en nuestra próxima entrega.
Caetera Desiderantur.


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