domingo, 21 de octubre de 2012

LOS RETOS POLÍTICOS DE LA DERECHA PERUANA

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Carlos Eduardo Pérez Crespo

La derecha política es fundamental en cualquier democracia del mundo. Pero en el caso peruano la derecha ha sido más que eso: es el actor político  más importante de los últimos 20 años. Sin embargo, tiene una serie de retos que debe resolver. Por eso nos animamos a plantear una serie de lecciones que ayuden a mejorar nuestra derecha peruana.

La derecha afronta 5 problemas fundamentales: 1) la ausencia de un partido político, 2) el trauma con la experiencia velasquista, 3) el legado de la experiencia senderista, 4) la desvalorización de la intelectualidad humanística y 5) un acercamiento muy torpe con los sectores populares. Veamos los tres primeros.

La derecha peruana no tiene partido. Pero eso hace que se sienta menos: la izquierda tampoco tiene. Y es que en el Perú no existen los partidos políticos -tal y como lo ha demostrado el profesor Levitsky. Pero a la derecha este punto le afecta mucho más que a la izquierda por una sencilla razón: no le da legitimidad a sus 3 últimos gobiernos (Toledo, García y Humala). Con esto queremos decir que la derecha ha sabido gobernar a pesar de no ganar las elecciones, ya que está aliada con las grandes empresas extranjeras, la CONFIEP, la Sociedad Nacional de Industrias y tiene posiciones estratégicas en las dos instituciones que manejan el aparato estatal y el mercado financiero: el Ministerio de Economía y Finanzas y el Banco Central de Reserva. Después del proceso de descomposición económica que se vivió en los ochentas, la derecha peruana ha logrado legitimidad sobre cómo se deben manejar la política fiscal y monetaria: es decir, la derecha ha convencido a todo el Perú de que el modelo económico liberal de mercado, con sus fallas y errores, sí funciona y es gracias a él que se da el crecimiento económico sostenido de la última década.

Pero el éxito de la legitimidad económica de la derecha no se ha traducido en su éxito político. En las últimas elecciones presidenciales la candidatura de PPK no superó la segunda vuelta y antes de ello Lourdes Flores fracasó en las elecciones presidenciales y municipales. Del mismo modo, la derecha peruana ya no se ve representada en las viejas opciones del PPC o Acción Popular. Simplemente estas dos opciones ya no son tan atractivas. ¿Quién representa a la derecha peruana? ¿Se ha quedado huérfana? Una opción que se ha erigido como atractiva para la derecha peruana –pero con mucha desconfianza de por medio- es el fujimorismo. Y de hecho la derecha ve con buenos ojos que se esté constituyendo como un partido político que ha abrazado el liberalismo económico y el conservadurismo político (tradición más cercana a Hayek y Mises que a Sen o Krugman). Siempre va a ser positivo que una agrupación con historia autoritaria ahora acepte las reglas de juego democráticas. Pero el escepticismo es grande. Y por el momento la desconfianza supera a la buena o la mala voluntad. No hay un convencimiento, más sí una visión pragmática del fujimorismo como “mal menor” ante coyunturas específicas.

Por otra parte, en la derecha aún no se supera el trauma del velasquismo. Pero hay que entender este punto. Lo que más puede molestarle a alguien dentro del espectro de la derecha es que haya quienes defiendan un modelo proteccionista y nacionalista que destruyó el aparato productivo peruano y que en el largo plazo produjo más pobreza, atraso y desigualdad. Está empíricamente comprobado que no sólo la clase media incipiente se empobreció, sino también los propios campesinos hacia finales de los setentas. Este sentimiento ha causado en la derecha un trauma: cuando se siente cualquier propuesta con tufillo “estatista” se encrespa la piel y, con un impulso casi irracional, se vocifera en autodefensa: ¡velasquista!

Pero se debe reconocer que se está exagerando. La derecha peruana vive una psicosis con el velasquismo y todo lo que se le parezca: chavismo, kichnerismo o humalismo (en su versión 2006). Ello como resultado de que muchas agrupaciones de izquierda reivindican la bandera pro-estatal para manejar la política fiscal. Siendo más exactos: mover como una manija el “multiplicador keynesiano” para regular la política fiscal. No obstante, la derecha peruana debe asimilar que el modelo liberal ha sido asimilado por las mayorías e incluso por un sector importante de la izquierda liberal. Los problemas en Conga y las protestas medioambientales en realidad apuntan hacia problemas de presencia y eficacia del Estado peruano, no son síntomas de fracaso del modelo económico liberal. La derecha peruana tiene que asimilar que los tiempos del velasquismo ya pasaron y que la lucha por la legitimidad del libre mercado está siendo ganada poco a poco. Los dinamiteros del libre mercado siempre van a estar, pero a ellos se les debe derrotar políticamente, no con represión.

La experiencia más difícil y traumática ha sido, definitivamente, el senderismo. La derecha, sencillamente, no puede transar ni asimilar el baño de sangre que significó Sendero Luminoso. Y en este punto debemos decir que así debe ser. El bloque que más cohesiona a la derecha actual es su condena al senderismo y sus nuevas versiones en el VRAEM o el Movadef. Asimismo, la derecha tiene bien claro que la experiencia terrorista de los ochentas causó muchas pérdidas y muertes. Pero hay un punto en el que la derecha no puede transar. Y es el tema de que no se considera justo que se mida con la misma vara a quienes lucharon para defender el Estado y quienes iniciaron una guerra para destruirlo. La guerra la empezó Sendero Luminoso, eso está más claro que el agua y nadie puede discutirlo. Y es por esa misma razón que se desconfía de las organizaciones de DDHH y de los abanderados de las ONG’s.

Pero este punto que cohesiona a la derecha peruana también le trae un punto débil. Debido a que la experiencia senderista fue tan traumática, no se distinguen matices al momento de señalar quién es un terrorista. En ese sentido, muchas veces se ponen en el mismo saco a terroristas con izquierdistas. Por eso no es extraño que cuando se ven protestas de estudiantes o de gremios como el SUTEP o la CGTP una primera reacción sea: “¡todos son terroristas!” o “¡malditos comunistas!” Y es que la experiencia senderista fue tan dura para todos los peruanos, que la derecha peruana muchas veces pierde de vista que la guerra frontal contra Abimael Guzmán se terminó en los noventas. Y que ahora se debe terminar con el senderismo en el VRAEM –aliado con el narcotráfico- y el Movadef –la versión reciclada del senderismo.

Volveremos sobre estos puntos en nuestra próxima entrega.

Caetera Desiderantur. 
 
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